Lecciones que aprendí subiendo el Teide por Carla Requeijo

Hace unos meses subí el Teide para celebrar mi cumpleaños sintiéndome más joven y, a lo largo de las largas horas que le dediqué al ascenso, fueron pasando cosas que me hicieron pensar y, con la emoción del momento, elaborar el esqueleto de un post motivacional (mi primer post motivacional, si es que eso importa).
Antes de lanzarme con la lista de lecciones, debo puntualizar que, por más que me empeñe en aparentar lo contrario, mi relación con la montaña es bastante inestable. No paso de ser una amateur que tiene tendencia a acumular pegatinas de vida outdoor y al postureo en Instagram, así que no pretendo hacer un manual de montañismo y no hay consejos técnicos ni grandes revelaciones. Pero en fin, esto vale para todos porque ¿soy yo, o es que subir una montaña es LA VIDA MISMA?
Lecciones que aprendí subiendo el Teide por Carla Requeijo
1. Rodéate bien
No hay nada más importante que esto. La subida es larga, y tiene momentos buenos y otros muy malos. Asegúrate de que ambos los compartes con la gente correcta. ¿Cómo saber si es la gente correcta? Es más fácil de lo que parece: ¿subir al pico más alto de España acompañada de esa/s persona/s te suena a música celestial o a descenso a los infiernos? Pues eso.
2. Marca tu propio ritmo
A lo largo del camino verás gente a velocidades completamente diferentes, pero para ti solo hay una buena: la tuya. No intentes seguir el paso de otros, ni pienses que es importante correr para estar a la altura (¿de qué?). Nadie más que tú sabe cómo funcionas, y no hay una norma que diga cuándo y cómo debes llegar a la meta. Si te fuerzas a seguir el ritmo de otros, lo acabarás pagando.
3. No te rindas
Claro que es duro; es uno de los motivos por los que lo estás haciendo. También es largo, y el recorrido un poco ingrato por momentos. Pero, a no ser que haya algo que de verdad justifique que te des la vuelta y lo dejes a medias, peléalo. Porque la recompensa no son solo las vistas, es también esa pequeña gran victoria contra tu versión flojeras.
4. Sé flexible
Es muy probable que las cosas no salgan como habías planeado. Hace más calor del que esperabas o de repente empieza a llover o la ruta que querías hacer está cerrada. El mejor consejo que me han dado nunca es que, mientras que nosotros pensamos que la vida es un balón de baloncesto y podemos controlar perfectamente dónde queremos que bote, la realidad es que es un balón de rugby. Así que, lo mejor que podemos hacer cuando bote, es estar preparados para movernos en la dirección que toque para cogerlo, porque NO TENEMOS NI IDEA. Además, la mala suerte puede ser buena suerte disfrazada. ¿Qué hace malo y han cerrado el teleférico? Vaya, habrá que bajar a pie, pero no encontrarás aglomeraciones.
5. Cuidado con los consejos (de los demás y tuyos)
“No vayas por ese camino, que es muy largo”. “Date la vuelta porque no te dará tiempo a llegar antes de que anochezca”. Sin querer dudar de la buena voluntad de nadie, elige bien a quién haces caso. No siempre es fácil distinguir al que parece saberlo todo del que realmente lo sabe, pero ahí está el aprendizaje subida tras subida. De la misma forma, piensa bien los consejos que das y cómo lo haces; igual alguien se queda sin llegar a la cima porque has exagerado un poco con las distancias. Not cool.
6. Deja que te inspiren
Ay! Esos montañeros australianos que te encuentras cuando estás a punto de tirar la toalla y que te jalean para que sigas adelante. Van fatal equipados, pero les sobra actitud y se lo están pasando bomba. Cuando menos te lo esperes, puede aparecer alguien que te hace ver las cosas de una manera diferente, o que te hace pensar “oye, pues me molaría ser un poco así”. Aprovecha la magia de estos encuentros y transfórmate ligeramente.
7. Disfruta de la bajada
Ahora que lo has conseguido, date un respiro y ponte una medalla mental. No ha sido fácil llegar, y no hay por qué enfilar ya la siguiente meta. Pero sonríe y disfruta de la tregua, porque vendrán otras subidas. Ojo, que tampoco eres la única persona en el mundo que lo ha conseguido, no eres más que nadie.
8. Te vas a caer
En algún momento va a ocurrir, pero no pasa nada. Estate preparado/a y ríete cuando ocurra. Seguro que aprendes algo: a no correr más de la cuenta, a no bajar la guardia, a atarte bien los cordones, pero algo. Eso sí, cuanto más cerca estés del suelo, menos te va a doler la caída.
9. La gente que te rodea también está subiendo la montaña
No eres tú + los que te acompañan. Cada uno es el protagonista de su propio ascenso. Para algunos será más duro que para otros, los ritmos serán diferentes, la experiencia también. Respeta, sé consciente de las circunstancias de cada uno antes de sacar conclusiones y haz todo lo posible por ser la persona de los puntos 1 y 6.
10. No te preocupes por estar (ni ser) perfecto/a
Esta vez no va de eso. Igual otras sí, pero ahora toca centrarse en lo importante, y dejar todo lo accesorio en manos del destino.
Lecciones que aprendí subiendo el Teide por Carla Requeijo
Lecciones que aprendí subiendo el Teide por Carla Requeijo
Ahí va una anécdota: en otro formidable ascenso que hice, al Huayna Picchu, a mitad de camino me empezó a sangrar la nariz sin parar. Me tuve que meter una bola de kleenex para poder seguir subiendo, así que no podía casi ni respirar (unido a la altura, sonaba como un jabalí intentando respirar por la boca) y además sudaba a mares. Mi bonita foto en la cima, en la que, además, la persona que la sacó puso el dedo en el objetivo tapando el cartel en el que se leía la altura, es conmigo de esa guisa. Y encima era mi luna de miel. Y es de mis fotos favoritas porque ME DABA IGUAL.
Y hasta aquí mis lecciones vitales de montañismo. Y una conclusión final: vale-la-pena-cada-segundo. Necesito una pegatina en la que lo ponga.

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