Artículo: 24 horas en París con Mer
24 horas en París con Mer

Esta semana fui a París a una reunión con un equipo de compras japonés para enseñarles nuestra colección SS27. Fue todo tan de sorpresa que sacamos vuelos y hotel sobre la marcha, y como no daban las horas para ir y volver en el día, me quedé una noche. Aproveché cada hueco, y esta es la ruta.
Llegar
Aterricé en Charles de Gaulle a las siete de la tarde y fui directa al RER, el tren que te deja en París en unos cincuenta minutos sin depender del tráfico. Mi maleta era un Messenger y un pouch para llevar de mano, más el Eastpak gigante que usamos para las ferias, que es lo mejor que tenemos. Para el avión, como siempre, algo de tricot ZUBI, porque los peores resfriados de mi vida los he pillado en vuelos de una hora.

Diluviaba y llegué al hotel como una sopa. No voy a recomendar hoteles, porque en París la relación calidad precio es difícil de defender. Pero no me puedo quedar quieta cuando viajo, así que volví a salir. El cine Rex iluminado bajo la lluvia, una cena ligera en Tanguy, una crêpe que tenía apuntada desde hacía tiempo, crujiente por fuera, y vuelta al hotel paseando. Solo pasear por París ya es una maravilla. Con los Bettina remangados y unas zapatillas Salomon, los charcos no fueron un problema.


La mañana
Temprano, paseo por el Jardin du Palais Royal camino del desayuno en Télescope, donde hacen un sándwich de mantequilla y jamón de llorar y los precios están escritos a mano. Yo me tomé un té bien hecho y un scone.

Después, la reunión. Nunca me habían preguntado tantas cosas: vieron los bolsos, tomaron apuntes, hicieron cálculos, pidieron información y revisaron hasta el Instagram y la web, mientras yo sacaba, colocaba y respondía. Culturalmente son muy distintos a nosotros, siempre que trabajo con japoneses me sorprendo. Pero fue muy bien.

Cinco horas libres
Con el vuelo de vuelta a las siete, dejé el maletón en una consigna de Les Halles, al lado del RER, y me fui a caminar. Primera parada, la Bourse de Commerce, la sede de la Colección Pinault. Me encanta el edificio, sus exposiciones son muy modernas y siempre hay una instalación en la rotonda central. Además tenían una de Irving Penn, con un retrato de Dolly Parton, mi Dolly. A la salida, el Pompidou envuelto en andamios, cerrado por obras unos años, y la fuente Stravinsky, donde tuve mi momento influencer haciendo fotos a mi Messenger con el pañuelo bandana.


En la calle de al lado está E. Dehillerin, el paraíso de los cocineros. Dime lo que necesitas de cocina clásica francesa y lo tienen: cazos de cobre, moldes para hacer cannelés como los de Santo Bakehouse, cuchillos de ostras, pinchos con animales para los asados.

Luego crucé al otro lado del río con el día radiante, atravesando el Louvre, las Tullerías, millones de turistas y el Sena. Solo he entrado en el Louvre una vez en mi vida, con dieciséis años, y reconozco que ahora las colas me dan pereza. Al otro lado, las tiendas. Aurélie Bidermann, nuestra proveedora de pulseras, con unas de animal print que me encantaron. Inès de la Fressange, que no hay nadie más parisina que ella. La librería de Skira, de libros de arte. Paul Smith, siempre ideal. La tienda de Juanjo Oliva, que justo estaba cerrada, pero me hizo ilusión verla por fuera, con un collar de Helena Rohner en el escaparate que tendremos en ZUBI esta Navidad. Los sombreros de Maison Ola, preciosos. Y Rubirosa's, el templo de los pijamas y las camisas. Ya he fichado uno para pedir a los Reyes: es un capricho que voy a usar diez años, semana sí y semana no, durante ocho horas al día. Un buen pijama me alegra el día.



La casa de Gainsbourg
Y de bajada, la visita que tenía reservada: la Maison Gainsbourg. Conocía a Serge como icono, por su hija, por alguna canción, pero he flipado con este hombre y con su vida. Hay que sacar la entrada online porque siempre está llena. Te dan unos cascos que, según la zona de la casa en la que estés, te cuentan cosas, narradas por Charlotte en inglés o en francés, con esa voz tan especial que tiene. Te cuenta anécdotas de su vida y de cómo vivían allí.
Todo es pequeño y la casa es Serge al cien por cien. Me encanta la gente con estilo personal en todo. La cocina, con una tele que siempre estaba encendida. La escalera llena de recortes. El baño que casi no usaba, porque no era muy de bañarse. Y su armario completo: unas veinte prendas y sus zapatos blancos. Luego ves las fotos y repetía la ropa sin parar. Conocer la vida de una casa por quien la ha vivido es una maravilla. Muy recomendable.


Para terminar, comida en Irasshai, un supermercado japonés que tiene además cafetería y restaurante. Yo tomé un sándwich de huevo y un hojicha con leche aparte, un té verde que no se parece ni sabe nada al matcha, que odio. Y un último paseo comiendo por el Sena antes de recoger la maleta y coger el tren al aeropuerto. Lo del tren no es por ahorrar: el tráfico en París es terrible, puedes tardar dos horas en llegar al aeropuerto por la autopista, y en tren tardas cincuenta minutos y te aseguras llegar.
El balance
20.000 pasos, una reunión de trabajo, dos museos, diez tiendas, una cena, un desayuno y una comida. Y un look 100% ZUBI todoterreno de la mañana a la noche: el vaquero Bettina Piombo, el jersey Pisco gris, el pañuelo de lana bandana negro, el Messenger negro y una gabardina Burberry vintage.

Apunta
- Para llegar: el RER desde Charles de Gaulle, unos cincuenta minutos sin atascos.
- Para dejar la maleta: una consigna en Les Halles, al lado del tren al aeropuerto.
- Desayuno: Télescope.
- Comida: Irasshai, supermercado japonés con cafetería.
- Cena: Tanguy.
- Museo: Bourse de Commerce, Colección Pinault.
- Casa: Maison Gainsbourg, con entrada online.
- Cocina: E. Dehillerin.
- Tiendas: Aurélie Bidermann, Inès de la Fressange, Skira, Paul Smith, Juanjo Oliva, Maison Ola y Rubirosa's.

