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Artículo: Bárbara, Bu y la sastrería / Una mañana llena de arte

Bárbara, Bu y la sastrería / Una mañana llena de arte

Hay casas que se visitan y casas en las que, en cuanto entras, quieres quedarte a vivir. La suya es de las segundas. Fuimos a hacer unas fotos y nos quedamos sentadas en su sofá, a mirar cuadros y a reírnos, que con ellas es lo que acaba pasando siempre.

Son madre e hija, y son dos Bárbaras. La madre, Bárbara Pan de Soraluce, pinta: de su mano nacieron Los Platos de Pan, esa vajilla pintada a mano que convierte una mesa en una pequeña exposición, y unas fiestas en las que, de algún modo, siempre termina reunido medio mundo del arte. La hija, Bárbara Arena, Bu o Bubi, escribe: acaba de publicar su primera novela, Un adiós (Lengua de Trapo), colabora con Vogue y recomienda, con una prosa que da envidia, cada libro que le cae en las manos. (Y si seguís sus redes ya lo sabéis: lo hilarante también es lo suyo. Sobre todo lo de Bu.)

Las dos son mujeres de mundo, disfrutonas, anfitrionas de las de verdad, de las que te sientan bien y te sirven mejor. Se mueven por ahí con cero prejuicios, y esa frescura, hoy, es casi un lujo. Sus casas están llenas de arte y de objetos que no se encuentran en ningún sitio: coleccionan lo singular, mezclan sin miedo y les sale perfecto. Son eclécticas en todo, pero es que ellas saben serlo.

El tercero en discordia es Petunio. Petu. El perro más bonito de Instagram, que esa mañana supervisó el rodaje desde el mejor sofá.

No había que convencerlas de nada. Son clientas nuestras desde hace tiempo, fanáticas del tricot y de los Annie, y además amigas. Así que les pedimos lo de siempre: que se pusieran la colección de sastrería y siguieran con su vida. Que la americana cayera sobre el sofá, que el pantalón se arrugara al cruzar las piernas, que el punto se llevara como se lleva en casa.

Y ahí está lo bonito: no hubo que estilarlas, ya vestían así. La sastrería les sienta como un guante porque es exactamente su idioma, el corte limpio, el color justo, la prenda que aguanta una conversación larga y una copa de más. No podíamos pensar en mejores modelos para esta colección, porque no estaban posando. Estaban siendo ellas misma.

Un rato cualquiera entre madre e hija. Que resulta ser, como todo lo suyo, de lo más extraordinario.

Fotografía · Iciar J Carrasco / Estilismo · Mónica Oliver

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