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Article: TESOROS / LA CAMISA DE FRANELA

TESOROS / LA CAMISA DE FRANELA

Hay prendas que no necesitan que las defiendas. Se defienden solas.

La camisa de franela es una de ellas. Lleva más de un siglo siendo exactamente lo mismo, lana tejida en cuadros, dos bolsillos en el pecho, botones sencillos, y en ese tiempo ha vestido a mineros del Pacífico Norte, a Kurt Cobain en el MTV Unplugged, a las chicas de Seattle que en los 90 la llevaban sobre vestidos de flores y la ataban a la cintura. Ha cruzado clases sociales, décadas y géneros sin cambiar de forma. Sin necesitar reinventarse.

Eso no le pasa a casi nada.

Pendleton lleva haciendo camisas de franela desde 1924 en Oregón. Las primeras eran para trabajadores, la lana virgen de las ovejas del Pacífico Norte, tejida con una densidad que ya no existe, en colores que se mezclaban con el paisaje. Con el tiempo las empezaron a llevar surfistas en California, luego universitarios en el este, luego músicos en todas partes. La marca nunca cambió la camisa. El mundo fue llegando a ella.

Las que trajo Lorenzo al General Store esta semana son de los años 60 y 70. Se nota en varios detalles que hoy no existen: el peso de la lana, la anchura del cuello, la forma en que están cortadas, más largas por detrás que por delante a no ser que Lorenzo las haya transformado, con esa caída que ninguna camisa actual reproduce exactamente. Y la etiqueta. La etiqueta de Pendleton de esa época tiene un morado específico, un azul específico, una tipografía que cambió en los 80. Es el certificado de origen sin necesidad de papel.

Hay cuatro en la tienda esta semana (Mer ya se ha llevado una a casa).

La de cuadro lavanda y crudo, la más suave, la más discreta, la que queda sobre cualquier cosa porque casi no pesa visualmente. La de camel con botones de nácar, más masculina en proporción, más larga, para llevar abierta. La roja y negra con forro de satén interior en el cuello y los puños, el Buffalo check clásico, el que llevan los leñadores en todas las películas americanas, el que el rock convirtió en uniforme de una generación sin proponérselo. Y la mostaza-verde con los bolsillos cruzados en diagonal, la más rara, la más difícil de encontrar, la que tiene esa proporción corta que la hace parecer casi una chaqueta.

Son cuatro prendas distintas que comparten una sola lógica: que alguien las hizo bien, hace cincuenta o sesenta años, y siguen aquí.

Los 90 las resucitaron por accidente. El grunge no buscaba la franela Pendleton, la encontró en las tiendas de segunda mano porque era lo más barato y lo más cálido. Kurt Cobain, Eddie Vedder, Courtney Love. La llevaban sin pensar en ella, que es exactamente cómo hay que llevar algo para que funcione de verdad. Sin esfuerzo. Como si siempre hubiera estado.

Hay algo en esa imagen, la chica de los 90 con la Pendleton atada a la cintura sobre un vestido floral, que sigue siendo perfecta. No porque sea nostálgica. Sino porque resuelve el problema de cómo mezclar algo con historia con algo de ahora sin que ninguno de los dos gane. Los dos conviven. Los dos se necesitan.

Estas cuatro están en Zurbano hasta el sábado 26 de abril. Puedes pasar por la tienda a probarlas o contactar con nuestro equipo para que las mande a cualquier punto de España.

Después vuelven a Coruña con Lorenzo.

Fotografía: General Store Gentlewoman · Zurbano 22 · Abril 2026
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