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La semana que convertimos Zurbano en una casa

Siempre hemos dicho que Zurbano 22 no es una tienda. Es nuestro salón, nuestra cocina, el sitio donde recibimos a la gente que queremos. Pero esta semana, por primera vez, lo fue de verdad.

Durante cuatro días, Abasotas se instaló en nuestra tienda y la convirtió en lo que siempre hemos soñado que fuera: un lugar donde entras a comprar un bolso y te quedas a comer un sándwich con una amiga. Un sitio donde huele a café recién hecho y a masa de cookies, donde hay una tarta rosa con moras encima de un carrito de acero, y donde la ropa cuelga al fondo como si fuera el armario de alguien con muy buen gusto.

Zubi Pop Up Café nació de una idea muy sencilla: ¿y si pudiéramos hacer todo lo que nos gusta en el mismo sitio? Comer bien, ver cosas bonitas, parar un rato. Abasotas trajo sus sándwiches (los que se ven en las fotos, que estaban tan buenos o mas de como parecen), sus crakers y cookies, su tarta de moras con buttercream rosa que parecía sacada de una película de Wes Anderson, y un café que olía a sábado por la mañana. Nosotras pusimos el espacio, las columnas, el suelo rosa, los bolsos y la ropa, y esa mezcla extraña que se produce cuando juntas moda y comida sin forzar nada.

El miércoles por la noche hicimos una fiesta para amigos de ambas marcas. Vinieron con paraguas y con ganas. Se comieron la tarta, se bebieron las cervezas, se probaron jerséis, cotillearon los bolsos nuevos y se quedaron más rato del previsto, que es siempre la mejor señal de que algo ha funcionado. Había gente sentada en las mesas hablando como si estuvieran en el salón de su casa, y eso era exactamente lo que queríamos.

Lo que más nos gustó de esta semana fue compartir, que la experiencia de ZUBI saltara de una pantalla a la realidad, que la gente usara sus cinco sentidos, ver a gente que normalmente nos compra online sentarse en la tienda a desayunar. Quedarse. Tocar las cosas sin prisa. Preguntarnos cosas. Algunas vinieron solas con un libro, otras con amigas. Algunas reservaron mesa y acabaron comprando; otras vinieron a ver bolsos y acabaron pidiendo un sándwich. Todo se mezcló de una manera muy natural, que es como nos gustan a nosotras las cosas.

Abasotas es una de esas marcas que entienden la comida como nosotras entendemos la moda: con cariño, con criterio, sin atajos. Por eso encajamos. No es una colaboración de marketing; es una amistad que se nota en los detalles. En el menú impreso con nuestra tipografía. En las servilletas con ese logo que ha subido en el horno. En Isa recomendando un txintxorro, unas cookies o sirviendo café con la misma dedicación que nosotras ponemos en elegir un forro.

Zurbano siempre ha sido nuestra casa. Esta semana, por fin, fue también la vuestra.

Gracias a todos los que vinisteis, reservasteis mesa, os quedasteis a charlar y os comisteis la tarta. Gracias a Abasotas por traer su mundo a nuestro mundo. Esto no ha hecho más que empezar.

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